Perfiles para la formación del docente de lengua y literatura

PERFILES PARA LA FORMACIÓN DEL DOCENTE DE LENGUA Y LITERATURA

Antonio Franco M.

Universidad del Zulia

 

 

            Hay axiomas tan elementales que no valdría la pena recordar si el sentido común fuera norma de comportamiento cotidiano, a saber: nadie puede dar lo que no tiene, ni enseñar lo que no sabe.

            La vocación del individuo hacia la docencia, su inclinación natural a ella, no son suficientes para garantizar el adecuado docente. Se hace imprescindible pensar en su formación y por consiguiente plantear cuál es el perfil del docente de lengua, qué debe hacer, qué debe saber, cómo realizar la docencia de la lengua,…

            Para la formación adecuada del docente, se deben fijar primero, claramente, los componentes esenciales del proceso enseñanza – aprendizaje. En tal sentido A. Mendoza, A. López y E. Martos proponen que se tengan en cuenta los siguientes aspectos relacionados con: el alumno (a quien se enseña, ¿quién aprende?), el maestro-profesor (¿quien enseña?, ¿con quién enseña/ aprende el alumno?), objetivo (¿para qué se enseña?, ¿Para qué aprende  el alumno?), contenido de asignatura (¿qué se enseña?, ¿qué aprende el alumno?), metodología (¿cómo se enseña?, ¿cómo se aprende?).

            En esta propuesta hay dos concepciones sobre la enseñanza: una propuesta centrada en el profesor (el docente como transmisor de conocimientos) y otra centrada en el alumno (el que aprende)

            Si partimos de algo tan importante como necesario, y es que el profesor debe crear situaciones de aprendizaje para desarrollar adecuadamente las potencialidades del alumno al máximo, debemos pensar en que el docente de lengua debe poseer dominio de la teoría lingüística y ese dominio debe estar complementado con otras disciplinas (psicología, sociología, pedagogía) y saber aplicar el conocimiento (estrategias metodológicas).

            LA Unesco, hace unos años, señalaba que entre los aspectos que deben tenerse en cuenta en la formación del profesor de lengua están: el dominio de la lengua que se enseña (expresión  oral y escrita, gramática… la lengua en uso); conocimiento lingüístico y científico de los rasgos característicos de la lengua que se enseña (sistema fonético-fonológico, morfología, formación de léxico, sintaxis, semántica, el sistema gramatical de la lengua que se enseña) y saberla enseñar, conocimiento de la literatura y la cultura de la lengua, introducción a la psicología como ayuda para la solución de problemas teórico-prácticos.

            Con esto se está colocando en un lugar preferencial la lengua, considerándola en dos aspectos extremos: entre la abstracción y la concreción (el análisis / el uso). El análisis obliga a pensar y reflexionar sobre el sistema, el conocimiento sistemático de la lengua (la competencia lingüística, el saber lingüístico); el uso nos orienta el estudio y desarrollo de habilidades lingüístico-comunicacionales, enseñar la lengua para ayudar a los alumnos a que formen y construyan su competencia lingüística (competencia comunicativa). Ambas competencias las fundamenta y determina la función del lenguaje, y por consiguiente si pensamos en la didáctica de la lengua y la literatura y en el docente de lengua, tendremos en cuenta la formación de éste, la formación teórico-lingüística y crítico-literaria, conformando un núcleo de ciencias del lenguaje, complementado con psicología, pedagogía y didáctica, que integrarían el grupo de ciencias de la educación.

            Tras estos planteamientos de formación Didáctica de la Lengua y la Literatura (DLL), se centra nuestra reflexión en otro aspecto: pasar del modelo del profesor (maestro, docente) de lengua, de ser un mero “entrenador técnico” al modelo de profesor “reflexivo y crítico”; es decir, tener en cuenta los conocimientos, procedimientos y actitudes que permitan fundamentar la DLL y considerar el papel que debe asumir el docente. En tal sentido A. Mendoza, A. López, E. Martos proponen que se tenga en cuenta que el docente debe ser:

 

  1. Estimulador del saber. El docente debe desarrollar constante y paulatinamente la capacidad creativa, intelectiva, cognitiva del alumno; desarrollar sus potencialidades. Debe ser un docente animador para que el alumno participe en las “actividades y en los procesos expositivos y receptivos” en el aula. Estimular la interacción comunicativa.
  2. Organizador. El docente debe planificar la actividad de la materia, la coherencia, orden, sistematicidad y secuencia programática en el tiempo.
  3. Observador y evaluador. Implica tener en cuenta la relevancia del control y la función de observador (cambios, necesidades, reacciones) que llevarán a la tomas de decisiones importantes en la planificación de la actividad docente.
  4.  Gestor. Actividad profesional. Conocimiento del oficio.
  5.  Investigador. La investigación es parte de   la formación constante, permanente. La relación investigación – acción debe ser una práctica del docente.

 

Si lo señalado hasta el momento se considera acertado y pertinente, entonces, automáticamente se debe pensar en la revisión, renovación y actualización de la formación docente que proporcionan los centros (llámense universidades, facultades de humanidades, escuelas de educación), así como las especialidades para los docentes de lengua y literatura (en donde existan), que deben estar acordes con las necesidades de los docentes y acordes a los tiempos actuales y con un proyecto educativo nacional, sin tinte político, con aspectos cualitativos de conocimiento, cultura, desarrollo, libertad del ser humano, para el desarrollo  total del hombre en la sociedad que debe transformar y mejorar. En síntesis, vemos la necesidad de pensar en especialidades en lingüística aplicada a la enseñanza de la lengua materna (lingüística aplicada para docentes de lengua y literatura).

      El concepto, noción, importancia y alcance de la Lingüística aplicada no es nuevo y quizás por eso valdría la pena recordar que en vinculación con la didáctica de la lengua  “se ocupa de resolución de problemas lingüísticos en su relación con comunicación humana y considera su actividad como mediadora entre el campo de la actividad teórica y la práctica, con particular incidencia en el ámbito científico,  interdisciplinar y educacional” (Tesol, 1997)

      Como podemos observar en la anterior descripción, la Lingüística aplicada tiene su fundamento en la teoría lingüística, aplica los conocimientos hacia un fin concreto, se preocupa por la resolución de problemas (problemas del Lenguaje); además de pensar en la enseñanza-aprendizaje de la lengua y literatura, debemos tener presente la revisión de las teorías lingüísticas, la lingüística textual, la pragmática lingüística, el análisis del discurso, los aportes de la sociolingüística y la aportación de la Psicolingüística.

      Para los docentes de lengua estas reflexiones siguen siendo objeto de reflexión y de inquietud.

 

 

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Transcrito por Nadeska Delgado.

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