Enseñanza de la produccion de textos

.2. Enseñanza de la producción de textos

 

2.2.1 Los modelos de etapas 

Los primeros estudios sobre la redacción se centraron exclusivamente en el análisis del texto como producto, estaban orientados a probar la eficiencia de métodos pedagógicos para mejorar la calidad de los escritos de los alumnos.  Uno de los que más influencia ha tenido en el campo de la enseñanza ha sido el de Rohman y Wlecke (1964), que estableció tres etapas en el proceso de escritura: pre-escritura, etapa de descubrimiento de ideas, de “invención”; escritura, en que tiene lugar la producción real del escrito; y re-escritura en la cual se reelabora el primer producto para obtener el escrito final.  Las tres etapas que este modelo describe son discretas y sucesivas.  Se presupone que, si siguen de forma ordenada, el escritor puede llegar a obtener un escrito aceptable.

Los modelos de etapas han tenido una gran aceptación en la enseñanza, de donde surgieron, porque ofrecen a los profesores la posibilidad de incidir de manera ordenada y estrictamente programada en el proceso de producción considerado líneal y unidireccionalmente.  La tarea del maestro consistiría  en instruir al niño en las técnicas adecuadas que corresponden a las características de las tareas propias de cada etapa: cómo generar ideas, cómo combinar frases, seleccionar palabras, etc., cómo revisar el texto  producido, etc.  La aplicación de estos modelos presupone que la instrucción en unas determinadas técnicas contribuirá a la mejor de la capacidad de redactar.  Con esta orientación se han elaborado diversos modelos pedagógicos de tipo prescriptivo que especifican los pasos que hay que seguir para producir un texto aceptable.  Por la facilidad de aplicación, han sido adoptados por numerosos autores de libros de texto. 

Desde el punto de vista de la investigación, esos modelos tuvieron importancia porque atrajeron la atención de los investigadores hacia el proceso de elaboración del escrito y no sólo hacia el producto.  De todas formas presentan dos grandes problemas que exigen revisar su aplicación ingenua a la enseñanza.  En primer lugar, las investigaciones posteriores han demostrado que el proceso de composición del texto no es lineal: el escrito hace y rehace constantemente, planifica y replanifica sobre la marcha, escribe, corrige, etc.  Parece, pues, que no sigue una serie de etapas discretas, sino una serie de subprocesos que interactúan unos con otros.  En segundo lugar, el modelo de etapas se centra  en el proceso de crecimiento del texto, del producto, sin tener en cuenta los procesos internos del escritor. 

 

2.2.2 Los modelos cognitivos 

Los modelos cognitivos intentan explicar cuáles son los procesos que el escritor sigue durante la tarea de escritura.  La atención, en estos modelos, se centra en las estrategias  y conocimientos que el escritor pone en funcionamiento para escribir y en la forma como interactúan durante el proceso.  Los subprocesos se ven, no como etapas que hay que seguir una detrás de otra, sino como operaciones que hay que realizar y que a menudo se aplican recursivamente.  En el año 1964, Emig lanzó un ataque frontal al modelo de Rohmna  y Wlecke en una conferencia que no fue publicada hasta el año 1971.  Emig concluye  que  la  planificación tiene lugar durante todo el proceso de redacción  y no está claramente separado del proceso de ejecución. 

La investigación de Emig fue pionera de una serie de estudios orientados a examinar las estrategias de redacción, que se llevaron a acabo con metodologías diversas.  Los investigadores infirieron estrategias de los análisis de protocolos de “pensamiento oralizado  (la misma Emig, 1971; Flower y Hayes, 1980), del análisis del comportamiento durante la escritura  (Matsuhashi, 1982), del análisis de textos (Bidwell, 1980; Perera, 1984), entre otros.  La pretensión de estas investigaciones es constituir un modelo abstracto que sirva de hipótesis del proceso, de las operaciones que se llevan a cabo y de los factores que influyen en él,  tanto los contextuales como los que se refieren a las características cognitivas y a los conocimientos del escritor. 

La serie de estudios de Flower y Hayes (1980, 1981; Hayes y Flower, 1980) contribuyeron a establecer el estudio de las estrategias de redacción como una importante línea de investigación y le dieron unos fundamentos teóricos.  Enfocaron sus investigaciones al acto de escritura, es decir al proceso de escritura y no al  producto, y utilizaron la técnica de hacer pensar en voz alta a los escritores mientras realizaban la tarea que les habían asignado.  Después analizaron los protocolos obtenidos de las grabaciones. 

Estos autores consideran el modelo que presentan como metáfora de lo que realmente sucede cuando un escritor produce un texto; porqué, como afirman, no todos los escritores escriben igual y su objetivo es explicar la conducta de los escritores individuales. 

El modelo de Hayes y Flower  está formado por tres partes o componentes, entre las cuales se establecen diversas interrelaciones: la memoria a largo plazo del escritor, el contexto de producción, que consta de los elementos que configuran la situación retórica y del texto producido en cada momento y, finalmente, el proceso propiamente dicho. 

La memoria  a largo plazo incluye todos los conocimientos del escritor  sobre contenidos temáticos, sobre imágenes de receptores posibles y sobre esquemas textuales. 

El contenido de producción se refiere a la situación concreta en la que se produce el escrito.  La  tarea de redacción presenta una serie de problemas retóricos, que el escritor tendrá que resolver, relacionados con la intención del escrito, con el receptor o receptores a los que se dirige y con el tema  concreto de que trata.  A  medida que se escribe, el texto ya producido genera una serie de exigencias y limitaciones, es un elemento más del contexto. 

Las  principales operaciones que configuran el proceso propiamente son: 

La planificación 

Que consiste en definir los objetivos del texto y establecer el plan que guiará el conjunto de la producción. Esta operación consta, a su vez, de tres subprocesos: la concepción o generación de ideas, la organización y, finalmente, el establecimiento de objetivos en función de la situación retórica.  Los autores distinguen dos tipos de planes: los procesuales, que tratan de la forma en que los escritores realizarán el proceso, y los de contenido, la función de los cuales es transformar las ideas en texto escrito. 

La  textualización 

Está constituida por el conjunto de operaciones de transformación de los contenidos en lenguaje escrito linealmente organizado.  La multiplicidad de demandas de esta operación (ejecución gráfica de las letras, exigencias ortográficas, léxicas , morfológicas, sintácticas, etc) que consiste en pasar de una organización semántica jerarquizada a una organización lineal, obliga a frecuentes revisiones y retornos a operaciones de planificación. 

La  revisión 

Que consiste en la lectura y posterior corrección y mejora del texto.  Durante la lectura, el escritor evalúa el resultado de la escritura en función de los objetivos del escrito y evalúa también la coherencia del contenido en función de la situación retórica. 

Este proceso parece coincidir en sus componentes con el de Rohman y Wlecke, pero hay una diferencia fundamental entre ambos: la noción de  “monitor”, de control, que Flower y Hayes toman del campo de la cibernética.  Este mecanismo tiene como función controlar, dirigir, la secuencia del proceso de redacción; permite tomar decisiones, como por ejemplo,  en que momento se puede dar por terminado un subproceso, en qué momento es necesaria una revisión parcial porque se percibe un desajuste, si es necesario o no reformular los objetivos, etc.  Exige por tanto del escritor una determinada capacidad metacognitiva

Flower y Hayes consideran que la redacción empieza cuando se presenta al escritor una situación retórica como por ejemplo una tarea escolar de redacción.  A partir de la representación del problema, el escritor crea una red jerarquizada de objetivos que, de todas formas, podrían ser modificados en el discurso de la redacción porque el proceso, como apuntábamos, no es lineal sino recursivo, en el sentido de que en cualquier momento se puede aplicar de nuevo el proceso para resolver un error, añadir algo que falta ,etc.  El análisis de las operaciones que llevan a cabo los escritores expertos (a través del análisis de los protocolos de pensamiento oral) demuestran que éstos efectúan constantes ideas y venidas entre los diferentes niveles de organización y escritura del texto. 

Los autores, aunque reconocen que los procesos “ top down” y “bottom up” tienen que considerarse complementarios, creen que las operaciones  tienen lugar por un proceso preferentemente descendente.  El escritor toma en primer lugar información del contexto y de la memoria a largo plazo para establecer los objetivos que dirigirán la producción del texto.  Las decisiones a nivel más bajo están subordinadas a los objetivos de nivel más alto. 

A  pesar de la insistencia en la idea de recursividad, en el modelo de Hayes y Flower parece aún implícita una cierta concepción de secuenciación lineal del proceso, aunque la aplicación sea distinta de un escritor a otro.  La  recursividad parece reducida a la aplicación, cuantas veces sea necesario, de los sub-procesos de planificación y textualización después de operaciones de revisión.           

De Beaugrande (1982,1984), a partir de la experiencia de simulación sobre la comprensión del discurso, desarrolló  lo que llamó modelo de interacción de estadios paralelos .  Según este autor la producción del texto es una actividad compleja que interactúa con una gran diversidad de circunstancias físicas, psicológicas y sociales.   Por  tal  motivo considera inadecuados los modelos de la teoría de la información que describen la comunicación como el proceso de codificación / descodificación del mensaje que un emisor envía a un receptor, y que conciben el  código como un conjunto fijo de símbolos no ambiguos y definidos arbitrariamente. Un modelo de este tipo no hace referencia a motivaciones, decisiones y contextos de la comunicación real. 

Según De Beaugrande la complejidad de la producción textual no permite formular un modelo rígido, sino que sería necesario incorporar a él múltiples causas potenciales y estipular las posibles interacciones entre ellas. 

La relativa probabilidad de dichas causas indicaría de forma más adecuada la relación entre los modelos del proceso y las actividades reales de producción.           

Establece algunos criterios que deberían presidir la formulación de modelos de producción.   Destacaremos los siguientes: 

El proceso de producción no es inverso al de recepción sino que uno y otro abordan el texto desde perspectivas fundamentalmente diferentes.  Por ejemplo,  el receptor puede tratar los materiales de manera provisional o incompleta, en cambio el productor debe continuar la tarea hasta que el texto ha sido producido. 

Un modelo ha de ser flexible, ha de poder dar cuenta de la variación entre individuos con diferentes habilidades y estilos.  Ello no significa que el modelo no tenga que ser sistemático. 

El procesador puede operar a diferentes niveles de profundidad.  Los niveles más profundos (jerarquización de ideas, objetivos, etc.) tienen un efecto mayor en la memoria y en la producción.  El resultado puede variar según sean los niveles de profundidad en los que se ha operado. 

Los recursos de que dispone el procesador son casi siempre limitados: por tanto, a menudo se da un desajuste entre los distintos requerimientos de la tarea en curso.  Cuando la demanda es demasiado grande el sistema en su totalidad manifiesta una sobrecarga que requiere compensación. Si los recursos no aumentan, las operaciones se degradan. Parece que la producción textual opera cerca del límite de sobrecarga.             

Son los procesos conscientes los que entran en conflicto con otras operaciones en un momento determinado, en tanto que los automáticos pueden seguir su curso. De todas formas, estos últimos pueden causar problemas si hay que introducir algún cambio en ellos.  La  producción experta relaciona estratégicamente procesos automáticos y no automáticos. 

El proceso es interactivo, es decir, sus componentes son cooperantes entre sí.  Los estadios de desarrollo del proceso son paralelos, las diversas operaciones funcionan en concurrencia o tienen en cuenta los resultados de las otras.   El  procesador designa en qué orden se llevarán a cabo las operaciones que pueden ser rutinarias, usuales, o específicas, adaptadas a requerimientos especiales de la tarea.             

El proceso de escritura es abierto, es decir no tiene un punto fijo de finalización. El texto puede ser siempre reconsiderado. Es el escritor quien establece el umbral en que se da por satisfecho. La revisión es una reconsideración de dicho umbral.  

La  memoria relaciona conocimientos y realización durante el proceso.  Es constructiva, suministra activamente los conocimientos y es reconstructiva, es decir que los conocimientos continúan evolucionando a lo largo la tarea. 

Durante el proceso, se da aprendizaje cuando el procesador tiene que adaptarse en el curso de una operación o de una serie de operaciones.  La educación en la escritura depende de que las tareas motiven un constante refinamiento de los modelos lingüísticos de los aprendices.  Las actividades de corrección, por ejemplo, sólo serán una ayuda si los alumnos pueden relacionar las decisiones de nivel superficial con las ideas y objetivos de nivel  profundo. 

La  tipología de los textos sobre los cuales se puede operar puede basarse en procesos y contextos y no sólo en las características del producto. 

Es un modelo paralelo e interactivo los distintos niveles de lenguaje son procesados en fases concurrentes definidas por las operaciones que se llevan a término.  No hay que considerarlas pues como fases que se desarrollan temporalmente sino como unidades funcionales.  El escritor asigna la dominancia de un estadio hasta que se da por satisfecho con el nivel conseguido, momento en que se impondrá el cambio a otra dominancia, que  no tiene que ser necesariamente la inmediatamente adyacente; al contrario, se puede cambiar a un estadio anterior y volver a empezar las operaciones o revisar las decisiones tomadas.    

Los estadios son:

Establecimiento de objetivos generales del texto y de los sub-objetivos que se quieren conseguir a lo largo del proceso.

 Ideación, que tiene lugar en los momentos iniciales de la configuración global y en la cual se establece,  por  ejemplo, el tema principal.

Desarrollo conceptual, que comprende la elaboración, especificación e interconexión de ideas.

Expresión, que consiste en adaptar los conceptos a la expresión   lingüística mediante la selección de palabras. 

La alineación de frases organiza las palabras en grupos de tal forma que la producción lineal se puede llevar a cabo. 

La actualización en forma de símbolos es llevada a cabo por un ejecutor durante la fase de alineación de sonidos o letras. 

En algunos aspectos este modelo es comparable al de Hayes y Flower, pero éste sugiere que la dominancia se cambia por bloques enteros de texto, mientras que: De Beaugrande, asume que, en condiciones normales, los estadios avanzan juntos en cada momento del desarrollo del texto. 

En modelo  De Beaugrande,  encontramos planteadas algunas cuestiones que creemos cruciales para la enseñanza de la redacción.  Podemos destacar: 1)  El concepto de aprendizaje asociado al proceso de escritura y la necesidad implícita  de que la tarea exija adaptaciones para que el aprendizaje se dé,  unido al concepto de memoria reconstructiva, que elabora activamente el conocimiento durante el proceso,  constituye un marco en el  cual basar un posible modelo de enseñanza de la redacción;  2) La situación de sobrecarga puede tener como consecuencia la degradación del proceso, con el cual el aprendizaje no se daría.  De  ello podría  desprenderse que escribir no siempre es fuente de aprendizaje; que será necesario dominar estrategias adecuadas  para resolver el problema. 

 

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